En Cantabria hay heladerías artesanas en casi toda la costa: El Artesano y Codium en Noja, Shaka en Santoña, tres direcciones históricas en Santander (Vía Mazzini 43, La Polar y Regma), Helados de Luna en Somo y la centenaria Helados López en Ontaneda. Las más cercanas a Bareyo quedan a menos de veinte minutos.
Elegir ocho heladerías artesanas entre las decenas que hay en Cantabria obliga a un criterio claro. Aquí solo entran las que fabrican su propio helado —con obrador a la vista o detrás de la tienda, no las que compran cubos a un distribuidor— y las hemos verificado cruzando reseñas, prensa local y, cuando existe, su ficha en el portal oficial de Turismo de Cantabria. El orden sigue la cercanía a Bareyo: primero la costa de Trasmiera, después Santander y, al final, dos paradas de interior que merecen el viaje aunque no estén de camino a la playa.

El resultado mezcla heladerías jóvenes que llevan pocos años abiertas con nombres que llevan más de un siglo detrás del mostrador. Hay sitio para las dos cosas: el que abre en temporada con sabores que cambian cada semana y el obrador familiar que sigue haciendo el mismo helado de queso desde que sus bisabuelos llegaron de los Valles Pasiegos a vender leche en Santander.
Heladería El Artesano (Noja)
A quince kilómetros de Bareyo, en la Avenida de Ris de Noja, El Artesano lleva su nombre por bandera: obrador propio y una carta que supera las ciento ochenta referencias, con sorbetes de fruta natural y varias opciones con leches vegetales (limón, manzana verde, fresa, frambuesa, mora, mango). Es la heladería con obrador propio mejor valorada de toda la comarca de Trasmiera, con una terraza pequeña a doscientos metros de la arena de Ris. Encabeza esta lista por eso: es la más cercana a Bareyo con una reputación consolidada, no solo local sino entre quienes veranean en la zona.

Codium (Noja, Isla y Santoña)
A pocos minutos de El Artesano, Codium reparte su producción entre tres pueblos de la comarca: obrador y tienda en la Plaza de la Villa de Noja, punto de venta en el Paseo del Sable de Isla y presencia también en Santoña. Detrás está Alejandro Ruiz, un santoñés que monta su heladería sobre materia prima fresca y de temporada como argumento principal, sin recurrir a sabores de catálogo. Que una misma heladería artesana cubra Noja, Isla y Santoña —los tres pueblos más cercanos a Bareyo después de Ajo— la coloca en segundo lugar casi por derecho propio.

Shaka – Helados Artesanos (Santoña)
En Santoña, junto al puerto, Shaka funciona más por boca a boca que por cartel en la calle: nombre tomado del saludo surfero, cocina el helado en el mismo local y se ha ganado una valoración media de 4,8 sobre 5 con clientes que repiten cada verano. No tiene web propia ni mucho más allá de Instagram, así que conviene preguntar en el pueblo si no la encontráis a la primera; el boca a boca, en este caso, es literal. La incluimos por delante de las heladerías de Santander porque Santoña sigue siendo la parada obligada de quien viene de Bareyo hacia el este.

Vía Mazzini 43 (Santander)
Ya en Santander, en la calle Castelar, Vía Mazzini 43 es la única heladería de esta lista con ficha propia en el portal oficial de Turismo de Cantabria, además de dos premios Soletes y el Premio al Comercio Creativo de la ciudad en 2015. Combina helado artesano con café de tueste natural, crepería y tartas heladas, en un local que funciona todo el año, no solo en temporada alta. El respaldo institucional y los reconocimientos verificables la sitúan primera entre las heladerías santanderinas de esta lista.

Heladerías La Polar (Santander)
A pocos metros, en el Paseo de Pereda, Heladerías La Polar es la heladería con más historia de Cantabria: la familia Salas llegó desde los Valles Pasiegos en 1888 y abrió su primer local en 1945; hoy la lleva la cuarta generación, con leche pasiega, huevo fresco y azúcar como base de la receta original. Ciento treinta y siete años dan para mucho, y la prensa regional la sigue señalando como la heladería más reconocida de la región. La colocamos aquí, tras Vía Mazzini 43, porque su fuerza no está en los premios recientes sino en una trayectoria que ninguna otra heladería de la lista puede igualar.

Regma (Santander)
Muy cerca, también en el Paseo de Pereda, Regma abrió sus puertas en 1933 y hoy suma varios locales repartidos por Santander, de Calle Burgos a Peñacastillo. Es, junto a Helados López, uno de los dos nombres que la gente de Santander cita casi por reflejo cuando se le pregunta dónde tomar un helado en verano: raciones generosas y sabores de toda la vida, sin sorpresas. Va justo después de La Polar por motivos casi idénticos —tradición santanderina, varios locales, ningún año sin abrir— y porque entre las dos cubren casi cualquier esquina del centro de la ciudad.

Helados de Luna (Somo y Castro-Urdiales)
Cruzando la bahía, en Somo, y también en Castro-Urdiales, Helados de Luna es la heladería más joven de esta lista y la única con premio popular reciente: el Diario de Cantabria la votó mejor helado de la región en 2024. Su heladero, Javier González, defiende un helado sin aditivos ni colorantes, con sabores que cambian según lo que encuentra en el mercado esa semana. Queda más lejos de Bareyo que el resto —hay que cruzar la bahía o llegar hasta Castro— pero el premio por votación popular, frente a los reconocimientos institucionales de las heladerías anteriores, le gana el puesto.

Helados López (Ontaneda)
La última parada se aleja de la costa: en Ontaneda, en pleno valle de Toranzo, Helados López lleva desde 1895 haciendo helado, con el sabor de queso como firma indiscutible y algún clásico menos esperado, como el de miel con orujo. Abre de viernes a domingo entre marzo y octubre, de once de la mañana a ocho y media de la tarde, y cada verano forma cola de gente que llega solo por el helado, no por nada más alrededor. Es la más alejada de Bareyo de las ocho —más de una hora por carretera— pero también la más citada por la prensa cántabra como destino en sí mismo, y eso vale un hueco al final de la lista.

Lo que hay que saber
La mayoría de estas heladerías artesanas abren en temporada: de Semana Santa a octubre las de costa, y solo de viernes a domingo entre marzo y octubre en el caso de Helados López. En pleno agosto, las de Santander y Noja forman cola a partir de las seis de la tarde; si vais con niños pequeños, mejor a media mañana o después de comer. Casi ninguna tiene datáfono garantizado en temporada alta, así que conviene llevar efectivo, sobre todo en Santoña y Somo. Si además de tomar el helado queréis aprender a hacerlo, Turismo de Cantabria organiza un taller de helado artesano en la Granja Santa Ana, en las marismas de Santoña, a menos de media hora de Bareyo.
El mejor helado de la ruta no es el que tiene más premios: es el que os coméis con los pies todavía llenos de arena, a quince minutos de haber salido de la villa.
Ocho heladerías no agotan la lista, pero sí cubren toda la costa que se ve desde una villa en Bareyo: Noja y Santoña a un paso, Santander a media hora, Somo cruzando la bahía y Ontaneda para quien quiera alargar el día con una excursión al interior. Si buscáis dónde comer algo más contundente antes del helado, nuestra guía de los mejores sitios para comer en Cantabria reparte restaurantes por zonas, de la costa de Trasmiera a Liébana. Y si ya pensáis en volver, septiembre de 2027 todavía tiene disponibilidad en nuestras villas.


