Las iglesias y ermitas de Cantabria reúnen uno de los conjuntos románicos mejor conservados del norte de España, junto con ermitas colgadas de acantilados que llevan siglos resistiendo el oleaje. Estas nueve son las más representativas: desde la Ermita de Santa Justa, semiexcavada en la roca de Ubiarco, hasta la Colegiata de San Martín de Elines, en Valderredible, declarada Monumento Nacional en 1931.

La costa oriental de Cantabria, la que rodea Bareyo, tiene sus propias ermitas frente al mar, pequeñas y discretas. Pero basta viajar hacia el sur, hasta Campoo y Valderredible, para encontrar una de las mejores concentraciones de arte románico rural de España, comparable en densidad a zonas del norte de Palencia o Burgos. Entre ambos extremos hay un patrimonio religioso que rara vez ocupa un titular, pero que sostiene buena parte de la identidad de los pueblos donde se levanta.
Hemos seleccionado nueve templos verificables, con horario de visita o forma de acceso conocida, dejando fuera aquellos que solo se pueden ver por fuera o de los que no hay información fiable de apertura. El recorrido empieza en la costa, cerca de Bareyo, y termina tierra adentro, en Liébana, para quien quiera convertir la visita en una excursión de un día completo.
Ermita de Santa Justa (Ubiarco, Santillana del Mar)
La ermita de Santa Justa está semiexcavada en la roca de un acantilado en la playa de Ubiarco, a las afueras de Santillana del Mar: solo tiene dos paredes de mampostería, el resto es la propia piedra del cantil. El edificio actual data del siglo XVI, aunque hay devoción documentada en el mismo lugar desde el siglo XII. Se llega por un sendero de unos 260 metros restaurado por el Gobierno de Cantabria en 2022, y solo es accesible con marea baja, porque el oleaje cubre el camino cuando sube. Abre esta lista porque resume mejor que ninguna otra el vínculo entre fe y mar en esta costa.

Colegiata de Santa Juliana (Santillana del Mar)
En el mismo Santillana del Mar, a pocos minutos de Santa Justa, está la Colegiata de Santa Juliana, la iglesia románica que da nombre a la villa (Sant Illana, de Santa Juliana). Su claustro, con capiteles historiados del siglo XII, está considerado uno de los mejores del románico cántabro. La visita, que incluye claustro e interior del templo, cuesta 3 euros y dura unos 45 minutos; abre de 10:00 a 13:30 y de 16:00 a 18:30, con horario ampliado en verano y cierre los lunes. Ocupa el segundo puesto por su cercanía a Santa Justa: en una misma mañana se pueden visitar las dos.

Ermita de San Pedruco (Noja)
En la isla de San Pedruco, frente a la playa de Ris en Noja, se esconden los restos de la ermita de San Pedro ad Víncula, rodeada de higueras centenarias que durante décadas hicieron casi imposible el acceso. Durante siglos fue destino de romerías marítimas: los nojeños llevaban al santo en procesión por mar para pedir lluvia en las sequías. Un proyecto de restauración reciente ha recuperado parte del acceso, aunque sigue siendo la visita más exigente de esta lista. Entra en el puesto tres porque es, de las nueve, la más cercana a Bareyo y la menos conocida fuera de Noja.

Santuario de la Virgen de la Barquera (San Vicente de la Barquera)
El Santuario de la Virgen de la Barquera corona un promontorio junto a la ría de San Vicente de la Barquera, con vistas directas a la entrada del puerto y, en días claros, a los Picos de Europa al fondo. Comparte protagonismo con el castillo del mismo pueblo, y es punto de paso habitual para quien recorre la costa occidental de Cantabria. Se sitúa en la mitad de la lista porque marca el límite occidental de este recorrido: a partir de aquí, el resto de la ruta se adentra hacia el interior.

Ermita de Santa Ana (Castro-Urdiales)
En el extremo oriental, la ermita de Santa Ana se levanta sobre un peñasco rocoso en Castro-Urdiales, con el mar rompiendo prácticamente en su base. Es una de las seis ermitas que National Geographic España destacó por sus vistas al Cantábrico, y cierra el bloque costero de esta lista antes de virar hacia el interior. Su tamaño reducido y su ubicación casi inaccesible en marea alta la convierten en la contrapartida oriental de Santa Justa, con la que abría este recorrido.

Colegiata de San Pedro de Cervatos (Campoo)
La Colegiata de San Pedro de Cervatos, en Campoo, es conocida entre los especialistas en románico como "la catedral del románico erótico": sus canecillos, 24 en cada muro, incluyen figuras explícitas que sorprenden en un edificio religioso del siglo XII. Para visitar el interior hay que llamar antes a los teléfonos de contacto de la parroquia o al Museo Diocesano (942 84 03 17). Abre el bloque de interior de esta lista porque marca el arranque de la llamada Ruta del Románico de Campoo y Valderredible, la más densa en templos de todo Cantabria.

Colegiata de San Martín de Elines (Valderredible)
La Colegiata de San Martín de Elines, en Valderredible, está considerada la joya románica de la comarca y fue declarada Monumento Nacional en 1931. Destaca su torre circular, poco habitual en el románico cántabro, y sus canecillos tallados a lo largo de nave y crucero. Las visitas guiadas se concentran en julio y agosto (todos los días), Semana Santa, fines de semana de junio y septiembre, y los puentes de diciembre, en horario de 10:00 a 13:30 y de 16:00 a 19:30, cerrado los lunes. Ocupa el puesto siete por ser, de las nueve, la de horario de visita más fiable y estructurado.

Santa María de Valverde (Valderredible)
Santa María de Valverde, también en Valderredible, es una de las tres ermitas rupestres de la zona excavadas directamente en la roca entre los siglos VI y X, y la única que sigue abierta al culto. Comparte espacio con un pequeño centro de interpretación del arte rupestre, y su entorno incluye las también rupestres ermitas de Campo de Ebro y Arroyuelos, a poca distancia. Se coloca en el penúltimo puesto porque, de las nueve, es la que mejor conecta con un pasado anterior al propio románico: aquí la piedra no se talló, se excavó.

Santa María de Piasca (Liébana)
Santa María de Piasca, en Cabezón de Liébana, cierra esta lista con la que muchos especialistas consideran la mejor portada románica de Cantabria: cinco arquivoltas con guerreros, músicos, dragones y un San Miguel venciendo al mal, esculpidas por el maestro Covaterio y consagradas en 1172. Fue en su día parte de un monasterio dúplice de monjas y monjes regido por la regla de San Fructuoso, del que hoy solo queda la iglesia. Puedes consultar más detalles en la oficina de turismo de Potes, el municipio del que depende. Termina el recorrido porque está a un paso de los Picos de Europa: si te gustó nuestra guía de un día en los Picos de Europa, añade esta parada de camino.

Lo que hay que saber
Antes de planear una ruta por estas iglesias y ermitas de Cantabria, ten en cuenta varias cosas. La mayoría de estos templos rurales no tienen horario fijo todo el año: en Cervatos hay que llamar con antelación, y en San Martín de Elines las visitas guiadas se concentran en temporada alta y fines de semana concretos. Las ermitas de costa —Santa Justa y San Pedruco— dependen de la marea, así que conviene consultar la tabla de mareas antes de ir. La Colegiata de Santa Juliana es la única con horario comercial estable y entrada de pago (3 euros); el resto son gratuitas o de aportación voluntaria. Si vas a Valderredible, calcula un día completo: son casi dos horas de coche desde Bareyo y merece la pena combinar varias paradas.
En Cantabria el románico no está en un museo: sigue en el mismo pueblo, con la misma piedra, donde lo dejaron hace ochocientos años.
Nueve templos, dos horas de coche entre el primero y el último, y una misma idea de fondo: la piedra de esta región envejece bien y sostiene comunidades pequeñas durante siglos. Es la misma vocación de permanencia con la que construimos en Bareyo Residences, pensando en villas que acompañen a sus propietarios durante generaciones. Las unidades estarán disponibles a partir de septiembre de 2027.



