Cantabria tiene ocho campos de golf en activo, desde el histórico Real Golf de Pedreña (27 hoyos, cuna de Severiano Ballesteros) hasta el municipal de Mataleñas en Santander. Alojándose cerca de Bareyo, la zona de Pedreña, a media hora, concentra la mejor oferta: dos campos y un par 3 en pocos kilómetros.
El clima atlántico de Cantabria, ese que tanto se queja el bañista de julio, es justo lo que hace que aquí se juegue al golf durante casi todo el año: temperaturas suaves, césped siempre verde y pocas rachas de calor que sequen los greenes. A eso se suma una orografía que en treinta kilómetros pasa del acantilado a la montaña, así que un mismo fin de semana permite jugar un recorrido con vistas a la Bahía de Santander por la mañana y otro rodeado de picos por la tarde.

No es casualidad que Cantabria haya dado a la historia del golf español un nombre como el de Severiano Ballesteros: nació en Pedreña, aprendió a jugar en la playa con un palo improvisado y terminó diseñando dos de los campos que hoy se recorren en la región. Esa tradición, unida a la cercanía entre el green y la arena —ninguna playa de Ajo, Cuberris o Berria queda a más de cuarenta minutos de un campo—, convierte a esta costa en un destino de golf que se puede completar con una tabla de surf o una ruta de bodegas de sidra sin perder un solo día.
Real Golf de Pedreña
Corría 1928 cuando se fundó este club en la península que separa la ría de Cubas de la bahía de Santander, y hoy sigue siendo la referencia obligada del golf cántabro. Sus 27 hoyos combinan los 18 originales, trazados por Colt, Alison & Morrison, con nueve más firmados por Severiano Ballesteros, que aprendió a jugar en estos mismos prados antes de convertirse en leyenda. El recorrido serpentea junto al agua, con vistas constantes a la bahía y, en días claros, a los Picos de Europa al fondo. No es un campo abierto sin más: los visitantes necesitan certificado de hándicap (24 para hombres, 30 para mujeres) y reserva previa, algo habitual en clubes de esta categoría, según recoge la Federación Cántabra de Golf. Es, con diferencia, el campo con más historia y prestigio de cuantos hay entre Santander y Bareyo.

Campo Municipal de Golf La Junquera
A pocos minutos de Pedreña, casi se podría ir andando entre ambos clubes, el campo municipal de La Junquera ocupa un terreno que hasta los años noventa era marisma cubierta de juncos, de ahí el nombre. Abrió en 1997 con nueve hoyos que se juegan con las mismas vistas a la bahía y a la ciudad de Santander que su vecino ilustre, pero con un carácter mucho más accesible: es gestión municipal, sin las exigencias de un club privado, lo que lo convierte en la puerta de entrada habitual para quien empieza o quiere una vuelta rápida sin complicaciones. Cuenta con campo de prácticas, putting green y alquiler de material, así que no hace falta llegar con la bolsa completa. Si el objetivo es sumar hoyos cerca de Bareyo sin reservar con semanas de antelación, esta es la opción más práctica.

Campo de Golf Ramón Sota
En el barrio de Agüero, dentro del mismo municipio de Marina de Cudeyo, hay un campo que rinde homenaje directo a la familia que puso a Cantabria en el mapa del golf mundial. Ramón Sota, tío de Severiano Ballesteros y ganador de varios abiertos europeos en los años sesenta, da nombre a este recorrido de nueve hoyos par 3 que el propio Seve diseñó sin cobrar, como gesto hacia su tío. Es un campo pensado para aprender o para pulir el juego corto: ningún hoyo intimida, hay un hoyo escuela independiente para clases y está abierto todo el año, de 8:30 hasta el anochecer. Para quien viaja en familia o se inicia en esto del golf durante una estancia en la zona, es probablemente el punto de partida más amable de toda la región.

Campo Municipal de Golf Mataleñas
Fue el primer campo de golf municipal de España cuando abrió en 1986, y su ubicación sigue sin tener competencia: pegado al faro de Cabo Mayor, al final de las playas del Sardinero, dentro de la propia ciudad de Santander. Se llega en cinco minutos desde cualquier punto del centro, algo que ningún otro campo cántabro puede ofrecer. El recorrido de nueve hoyos —un par 5, cinco par 4 y tres par 3— no busca poner a prueba a un profesional, sino ofrecer una vuelta asequible con el Cantábrico golpeando los acantilados a un lado. Tiene escuela municipal, prácticas, pitch and putt y restaurante, y funciona con tarifas de green fee para no socios además de abonos anuales. Es la alternativa lógica si un día de mal tiempo aconseja quedarse cerca de la ciudad.

Golf Celia Barquín Abra del Pas
En Mogro, donde el río Pas se abre paso hacia el mar, este campo de 18 hoyos y par 70 lleva desde hace unos años el nombre de Celia Barquín Arozamena, la golfista cántabra asesinada en Estados Unidos en 2018 con solo 22 años, que empezó a jugar precisamente en este club. Un gran lago condiciona la estrategia en seis de sus hoyos y el rough espeso obliga a mantener la bola en calle. Gestionado por Cantur, la empresa pública de turismo, está a apenas quince minutos de Santander y a un paso de las playas de Suances, lo que permite combinar la vuelta con una tarde de playa sin mover mucho el coche. Es, además, uno de los campos con la comunidad de aficionados más activa de la región, con clases para todos los niveles.

Golf Santa Marina
Dentro del Parque Natural de Oyambre, con el mar como telón de fondo casi permanente, este recorrido de 18 hoyos y par 71 fue construido bajo la dirección de Severiano Ballesteros e inaugurado en 2001. Sus hoyos 4, 5 y 6 se han ganado la comparación con el mítico Amen Corner de Augusta por la dificultad y la belleza combinadas, y el club ocupa una finca con una casona del siglo XVI y una capilla del XVII reconvertidas en zona social. El green fee ronda los 70 euros entre semana y puede superar los 90-100 en fin de semana o temporada alta, según las tarifas publicadas por los operadores de reserva. Está a algo más de una hora de Bareyo, pero para quienes buscan el campo más completo y mejor conservado de Cantabria, el desvío compensa.

Real Club de Golf Oyambre
Es el campo de golf más antiguo de España en activo: lo inauguraron en 1924 el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, impulsado por el conde de Güell, marqués de Comillas. Casi un siglo después conserva el mismo trazado de nueve hoyos junto a la playa de Oyambre, aunque el mar se ha ido comiendo terreno cerca del hoyo 5. Los pares son cortos —el 6 mide 84 metros y el 9 apenas 64— lo que lo convierte en un campo técnico más que largo, perfecto para una vuelta relajada con los Picos de Europa recortados al fondo. Su green fee tiene fama de ser de los más económicos de la región. Jugarlo es, sobre todo, una manera de pisar un pedazo de la historia del golf europeo.

Campo de Golf Nestares
El interior de Cantabria también tiene su campo, y está a dos kilómetros de Reinosa, ya en la comarca de Campoo, con el macizo de Alto Campoo asomando al fondo. Sus 18 hoyos y par 72 se rediseñaron en 2008 y ofrecen un paisaje muy distinto al de la costa: praderas amplias, algún lago y un aire casi alpino que cambia por completo la experiencia respecto a los campos junto al mar. Gestionado también por Cantur, cuenta con zona de prácticas, cafetería y restaurante. Está a más de una hora de Bareyo, así que tiene sentido como excursión de día completo —combinado quizá con una visita a Fontibre o al propio Alto Campoo— más que como vuelta rápida entre playa y playa.

Lo que hay que saber
La temporada alta va de junio a septiembre, cuando conviene reservar green fee con varios días de antelación, sobre todo en Pedreña y Santa Marina; el resto del año, salvo temporales puntuales, se juega con normalidad gracias al clima suave. Los clubes privados piden certificado de hándicap o licencia federativa a los visitantes; los campos públicos gestionados por ayuntamientos o por Cantur —Mataleñas, La Junquera, Abra del Pas, Nestares— son más flexibles y suelen admitir licencias de un día para quien no está federado. En casi todos se alquila material —palos, carros, algún buggy—, así que no hace falta viajar con la bolsa completa. El aparcamiento es gratuito en todos los campos de la lista. Ningún campo cántabro queda a más de una hora de la costa oriental, así que se puede combinar golf por la mañana y playa por la tarde sin renunciar a nada.
"En Cantabria se puede jugar dieciocho hoyos con la bahía de Santander de fondo por la mañana y tener los pies en la arena de Ajo antes de comer."
Después de una vuelta —sea en los dieciocho hoyos de Pedreña o en el par 3 de Agüero— lo que apetece es una ducha, una mesa con vistas y no tener que conducir mucho más. Esa es, en el fondo, la lógica de alojarse en esta franja de costa: los campos de golf, las playas de Ajo y Cuberris y los pueblos con encanto de Trasmiera quedan todos a un radio corto, sin depender del coche todo el día. Quien además busca dónde alojarse en esa combinación de golf y costa puede echar un vistazo a qué conviene mirar antes de reservar una villa con piscina privada en Cantabria. Bareyo Residences, en el corazón de esa misma costa, estará disponible para reservar desde septiembre de 2027.


